Gastos emocionales que te impiden ahorrar dinero

publicidad

Puede que el título del post te haya escandalizado pero te voy a dar algunos ejemplos que demuestran que muchas personas (a mi también me ha pasado en alguna ocasión) a veces gastamos dinero por «envidia» o por «ansia»o por cualquier otra emoción; es decir, no haciendo uso puramente de la razón.

A veces, porque estamos pasando un mail momento y necesitamos llenar ese vacío realizando una compra.

Te voy a poner un ejemplo: una amiga o una chica en Youtube nos enseña sus últimas compras en moda y al momento nos entran unas ganas terribles de comprar algo igual o parecido y en nuestras cabezas resuenan las palabras «lo necesito». ¿Te ha pasado alguna vez?.

Otro ejemplo es el tema decoración. Vas a casa de unos amigos que tienen una casa preciosa y te entran esos «celillos» que hacen que quieras tener lo mismo que ellos. No quiero decir que quieras una casa de tres plantas con jardín si ganas 1.000€ pero sí que te replanteas cambiar tu sofá que ya tiene unos años o renovar toda tu vajilla. ¿O no?

publicidad

Estos «gastos emocionales» ya sean de 20€ en unos platos nuevos que no necesitamos o 800€ en una tele nueva tenemos que pensarlos muy bien o nos llevarán a un gasto de dinero innecesario o que simplemente no nos podemos permitir.

Cómo controlar los gastos emocionales

Detecta las causas de los gastos emocionales: estrés, ansiedad, depresión.

El estrés, la ansiedad y la depresión son causas comunes de gastos emocionales. Todas estas condiciones pueden llevar a una sensación de agobio, lo que puede hacer que se gaste más dinero del que se pretendía.

Te dejo algunos consejos para hacer frente a estas condiciones:

-Estrés: el ejercicio, la respiración profunda y la meditación pueden ayudar a reducir los niveles de estrés.

-Ansiedad: practicar la atención plena puede ayudarte a ser más consciente de sus pensamientos y sentimientos, lo que puede ayudarte a gestionar mejor la ansiedad.

-Depresión: la terapia y la medicación pueden ayudar a tratar la depresión.

Conoce los efectos de los gastos emocionales: relaciones arruinadas, inestabilidad financiera

Cuando se trata de un gasto emocional, puede tener un impacto negativo en tus relaciones con los demás.

También puede conducir a la inestabilidad financiera, ya que puedes encontrarte con dificultades para pagar tus facturas. Puede ser una situación muy difícil de superar, pero es posible con las herramientas y el apoyo adecuados.

Comienza a afrontar los gastos emocionales: terapia, autocuidado, grupos de apoyo, si es necesario.

La terapia puede ser una buena manera de afrontar los costes emocionales de la infelicidad. Puede ayudarte a entender tus sentimientos y a encontrar formas de afrontarlos.

El autocuidado también es importante.

Cuidar de ti misma tanto física como emocionalmente puede ayudarte a controlar el estrés y a sentirte mejor.

Los grupos de apoyo también pueden ser útiles, ya que pueden ofrecerte el apoyo y la comprensión de otras personas que están pasando por lo mismo.

Recuerda que, como hemos dicho en otra ocasión cuando hablamos de trucos para tener controladas nuestras finanzas personales, un gasto que suponga más de 100€ tienen que llevar su proceso de «meditación» de 48 horas. Es decir, antes de sacar 100€ de tu cartera (y digo tu cartera porque debemos deshacernos de las tarjetas y más aún las de crédito), debemos dejar pasar 48 horas para decidir si merece la pena el desembolso. Resumiendo, es muy importante no tomar decisiones en caliente, replantéatelo unos días y seguro que lo ves diferente.

A veces, la necesidad de recurrir a hacer estos gastos aparece cuando tenemos la moral baja, no nos sentimos seguras de nosotras mismas y necesitamos objetos materiales para sentirnos mejor. Por eso, reciben el nombre de «gastos emocionales» pero hay que tener cuidado porque pueden causar un agujero en nuestra economía que llevemos arrastrando un buen tiempo. Vuelvo a repetirte la importancia de meditar bien cada compra. En el supuesto del gasto emocional del que te estoy hablando, tendríamos una solución a corto plazo pero crearíamos un problema a medio o largo plazo.

Por eso, es muy importante seguir esa hoja de ruta que Mapi compartió en el post «cómo controlar los gastos fijos mensuales». Allí mismo puedes descargarte el cuadrante de excell que ella misma usa desde hace más de 10 años y que le ha funcionado. No solo eso si no que te enseña a tomar conciencia de cuánto puedes gastar cada mes y en qué deberías recortar para poder ahorrar.

Piensa y reflexiona si realmente necesitas eso que te quieres comprar, echa cuentas. Si lo vas a pagar a plazos comprueba el gasto total y analiza a lo que tendrás que renunciar por ese «capricho».  De esto nos habla con detalle Mapi en su libro «Ahorradoras» cuando profundiza en el «coste de oportunidad«.  Y si el resultado de esa reflexión es que no te lo puedes permitir, no te frustres, ¿realmente serás más feliz después de esa compra o te sentirás peor pensando en lo que tendrás que trabajar para poder pagarlo?

Tampoco quiero ser muy dura, está claro que un capricho de vez en cuando nos lo podemos dar todas en algún momento, lo necesitamos y, es más, nos lo merecemos pero es importante el control emocional y valorar pros y contras de esa decisión.

cartos 2

También te ayudará ponerte en la piel de los demás, ten en cuenta que no todos ganamos lo mismo. No se puede permitir lo mismo alguien con un sueldo de media jornada que alguien que gana 1.500€ o no tienen los mismos ahorros o gastos una pareja sin hijos que una que tenga 3.

La edad también influye mucho. Alguien de mediana edad, 60 años por ejemplo, que lleva toda la vida trabajando es lógico que tenga más poder adquisitivo que tú que tienes 30, ¡¡que eso no te hunda 😉 !!

Espero que te haya ayudado a darle la vuelta a estos gastos fruto de la envidia o de querer tener lo que tienen otras personas de tu entorno, pero la vida es así, y no siempre se puede aunque seguro que podemos disfrutar con otras cosas que cuestan menos dinero o incluso que son gratis. En cualquier caso, tomaremos una decisión muy inteligente: no hipotecar nuestro futuro.

¡Feliz ahorro 🙂 !